Milo llegó al albergue después de pasar varios días en la calle. Estaba delgado y desconfiado, pero con alimentación, atención veterinaria y paciencia fue recuperando seguridad. Durante su estancia mostró un carácter tranquilo y afectuoso. Después de varias entrevistas y un periodo de adaptación, encontró una familia que cumplió con los requisitos de adopción y hoy vive en un hogar definitivo.