Cuando Milo llegó a Sam y su pandilla todavía tenía mucho por descubrir. Era joven, curioso y muy sociable, y poco a poco comenzó a mostrar esa personalidad cariñosa que terminó conquistando a quienes lo conocieron.
Durante su estancia recibió los cuidados necesarios, completó su esquema de salud y aprendimos qué tipo de hogar sería el adecuado para él.
Finalmente apareció una familia dispuesta a darle el tiempo, el cariño y la responsabilidad que necesitaba.
Hoy Milo vive en su nuevo hogar y forma parte de esas historias que nos recuerdan por qué cada rescate vale la pena.